Por: Gonzalo Manuel Ballón Valdivia
La currícula educativa en el Perú, se caracteriza por
tratar de manera significativa la historia del país. Las culturas pre incas,
el imperio del Tahuantinsuyo, la etapa virreinal y los procesos
independentistas, son los contenidos que se repiten en los distintos años
escolares. Pero existe una etapa de la historia no muy explotada en nuestras
escuelas y que está relacionada con la construcción del Perú como República.
Al revisar los trabajos de algunos clásicos
historiadores, no puede dejar de llamar la atención distintos hechos
anecdóticos referidos a nuestro Congreso Nacional. Si en la actualidad nos
llama la atención personajes con apelativos como: “lava pies”, “plancha camisas”,
“come pollo”, o el recordado grupo de “Padres de la Patria” que se juntaron en
Brasil para disfrutar de un día de fiesta y alcohol, los hechos vergonzosos no
se limitan a los parlamentarios contemporáneos.
Antes de la independencia, cuando se empezaba a avizorar
cuál sería la mejor forma de construir un país libre de España, reinaban tres
posiciones: las miradas conservadoras y las monárquicas, que dominaban el plano
político sobre una minoritaria corriente independentista. Con la llegada de San
Martín, se instaló una mirada conciliadora, que proponía una monarquía
constitucional.
La idea de nuestro Libertador, era buscar un príncipe
de algún país europeo, principalmente francés, para que pueda encabezar el
gobierno del Perú. Esta propuesta no fue bien vista por la monarquía y el
ejército español, por lo que José de San Martín entró al Perú y declaró su independencia.
Por decreto firmado el 3 de agosto de 1821, José de
San Martín asumió como: “Protector de la Libertad del Perú”. Una de las
primeras decisiones que tomó, fue convocar, el 27 de diciembre del mismo año, a
la primera convocatoria a la ciudadanía para la elección de 79 diputados y 38
suplentes.
Estos representantes estaban distribuidos en: Trujillo
(15), Cusco (14), Arequipa (9), Lima (8), Huaylas (8), Puno (6), Tarma (6), Huancavelica
(3) La Costa (2) y Maynas (1). La primera asamblea del Congreso Nacional, se
realizó el 20 de setiembre de 1822, donde asistieron 51 de los 79 congresistas
elegidos. Después de escuchar misa, juraron respetar a la religión católica,
como propia del Estado.
Lo llamativo fue que solo eligieron representantes en
Trujillo, Lima, Tarma, Huaylas y La Costa, porque los demás departamentos
estaban ocupados por el ejército español. A consecuencia de esta dificultad,
decidieron que los pobladores originarios de estos lugares que vivieran en
Lima, serían los que elegirían a los parlamentarios de sus lugares de
nacimiento.
Fue ahí donde la primera mancha del Congreso del Perú
apareció en la persona del abogado y político peruano, Manuel Antonio
Colmenares. Huancavelica era uno de los lugares que estaba en dominio español y
que no contaba con muchos pobladores viviendo en Lima. La mal llamada criollada
peruana, llevó a Colmenares a dirigirse al mercado y reclutar a 9 personas que
trabajaban cargando bultos.
Después de ofrecerles una pequeña retribución, les
facilitó documentos a cada uno de estos 9 trabajadores y los llevó a sufragar. Con
los votos de estos ciudadanos, convertidos sobre la hora en huancavelicanos,
Manuel Antonio Colmenares, fue elegido parlamentario en nuestro primer Congreso
Nacional y hasta se convirtió en uno de los firmantes de nuestra Acta de Independencia.
Si bien estos hechos ponen de manifiesto el endeble
sistema democrático que se vivió en los primeros años de la República del Perú,
nos hablan también de una necesidad constante para evitar, no solo el incorrecto
ingreso de personajes reprochables, sino la existencia de un constante seguimiento
del accionar de nuestros representantes.
Podemos concluir que la sumatoria de los “come pollos,
“mata perros”, “roba luz”, “roba agua”, del sr. Manuel Antonio Colmenares y
muchos otros personajes que abundan nuestra conflictiva historia, fácilmente
podrían incluirse en una maratónica serie de varias temporadas, en alguna
conocida plataforma digital. Estoy seguro que sería un éxito y que a más de uno nos sorprenderían las historias que descubriríamos.
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| Gonzalo Manuel Ballón Periodista y Docente en Comunicación Social |













