Por Luis David Fernández.
El mismo tipo de Estado que emanó en la historia del capitalismo luego del fracaso de su modelo económico liberal en la década del 30 con la ‘Gran Depresión’, que también logró con su reemplazo que los países que acogieron dichas recetas de John Maynard Keynes a partir de 1930, intervengan y regulen profundamente las actividades del mercado, no privilegien las privatizaciones y aumenten su gasto público para favorecer ciertos sectores cruciales como la educación, la salud, la seguridad social u otros rubros de enconada trascendencia para el desarrollo de los conjuntos poblacionales inmanentes al cuerpo social.
Todas estas recetas que debilitaban el poder del mercado pero impulsaban la fuerza del estado lograron aumentar galopantemente el crecimiento de sus PBI, recuperando rotundamente la economía de los países devastados por la ‘Gran depresión’ que las insertaron dentro de su agenda de gobierno. Todo iba bien hasta que con el retorno del ponzoñoso, criminal y peligroso liberalismo, adjuntado al prefijo 'neo' con Margaret Thatcher en el Reino Unido y con Ronald Reagan en EEUU, se colocó un lamentable fin catastrófico a los importantes beneficios económicos y sociales del ciclo Keynesiano desplazándolas con la aplicabilidad de las recetas de algunos embusteros como Friedrich von Hayek y Milton Friedman, que pregonaban la autorregulación del mercado sin ningún tipo de intervención estatal, la abolición de los sindicatos, la fomentación excesiva de las privatizaciones, la reducción de las tarifas tributarias para las grandes empresas, la reducción del gasto público en salud, en educación, vivienda, seguridad social o cualquier rastro del Keynesianismo; iba a solucionar el problema de la pobreza y la desigualdad económica.
Problemas que, por su puesto, jamás pudieron solucionar pero si favorecieron a que la riqueza en el mundo se concentre en manos de muy pocos y que la pobreza como la desgracia caigan en manos de las mayorías. Por ejemplo, en Estados Unidos en 1968 el salario mínimo compraba menos que en 1998, y había alrededor de 47 millones de personas sin seguro de salud (a). Después de muchos años bajo la sombra del neoliberalismo en el año 2013, a comparación del año 1989, la proporción de la riqueza del 10 % de las familias más ricas en el país de Donald Trump aumentó de 67 por ciento a 76 por ciento, mientras que la proporción de riqueza de los pobres disminuyó del 3 por ciento al 1 por ciento (b). En el año 2016 el 10% más rico en los Estados Unidos controlaban las tres cuartas partes del total de la riqueza familiar en el país de Barack Obama(c). En tanto que en Gran Bretaña la desigualdad de ingresos entre ricos y pobres durante el gobierno de M. Thatcher - hacia adelante - también aumentó de manera relevante (d). En general, con estas recetas liberales, hoy en día, en un planeta donde las doctrinas económicas socialistas fueron reemplazadas mayoritariamente por aquellas de corte neoliberal, el 1% más rico acumula una cantidad de riqueza casi 82 veces mayor que la totalidad de la mitad de la población mundial según un informe de Oxfam publicado en el 2018 (e).
En pleno 2020 tan solo 2.153 multimillonarios del mundo tienen más riqueza que los 4.600 millones de personas que constituyen el 60 por ciento de la población del planeta (f); además de los procesos de recesión económica de todos los países que acoplaron sus ideas económicas. En cada contexto es preciso referirnos a que el embustero nobel de economía, Hayeck, en su obra “Los fundamentos de la libertad” y en su publicación de 1956 que fueron los catecismos económicos liberales de muchos gobiernos en el mundo desde 1970, afirma que la forma liberal del orden social (cobrar bajos impuestos a los ricos, por ejemplo), es aquella en la que el bienestar de los más pobres aumente más, corrigiendo también el problema de la desigualdad económica entre las clases sociales (g). Pero como podemos comprobar en esta publicación eso jamás ocurrió, sólo se limitó a enriquecer a los sectores más pudientes del planeta. Es decir, el liberalismo volvió a fracasar en su intento de cumplir sus promesas, ocasionando desgracias al igual que en la Gran depresión de 1930.
Pero, ¿Qué tiene que ver todo esto con la pandemia? En realidad muchísimo, porque el éxito o el desastre sanitario que está ocasionando la pandemia del coronavirus (Covid-19) a lo largo y ancho del mundo sacude con más violencia a los países que aplicaron durante décadas esas recetas fallidas: redujeron rotundamente el gasto público en el fortalecimiento de sus respectivos sistemas de salud privando a millones de personas el derecho de recibir una atención sanitaria de calidad. Un claro ejemplo son los EEUU, en donde, en pleno 2020, alrededor de 44 millones de personas en no tienen seguro médico y otros 38 millones tienen seguro médico inadecuado (h).
Como olvidar que en el Perú tenemos un sistema sanitario que no recibía el dinero necesario del gasto público durante muchos años y muchos hospitales se encuentran actualmente colapsando, conllevando a que muchos contagiados mueran desamparados en los pasillos de los nosocomios públicos. En ese mismo sentido, los precios de los medicamentos necesarios para enfrentar la enfermedad del Covid-19 no están siendo controlados por el estado, sino por el mercado; dándose descaradamente la facultad de sobrevalorarlos tarifariamente perjudicando a miles de miles de contagiados, tal como enseña al pie de la letra aquella doctrina del neoliberalismo de Hayeck Y Friedman: el estado sólo debe mirar más no intervenir en las decisiones elaboradas dentro del mercado y menos en la fijación de precios.
Es momento de aprender de nuestros errores históricos, despojarnos de esa sórdida herencia neoliberal que carcome violentamente la democracia y fustiga draconianamente a aquellos que alguna vez Julio Ramón Ribeyro asigno el calificativo de ‘mudos’. Es momento, queridos lectores, de escuchar megafónicamente la palabra y los reclamos de los mudos, de los que no tienen voz ni voto, de los desposeídos, en vez de la voz de los emisarios de la dictadura internacional del mercado que a través de su hechicera, melódica y edulcorada prosa solo nos venden ilusiones económicas imposibles de cumplir, en todo sentido, en nuestras respectivas realidades nacionales.
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| Luis David Fernández. |
Referencias:
(a) Neoliberalismo. Fin de la historia y Después. Ricardo Gómez .2014.Buenos Aires, Argentina. Editorial Punto de Encuentro / pág 19.
(b) www.cbo.gov/sites/default/files/114th-congress-2015-2016/reports/51846-familywealth.pdf
(c) Ibídem
(c) Ibídem
(d) www.ons.gov.uk/peoplepopulationandcommunity/personalandhouseholdfinances/incomeandwealth/bulletins/householdincomeinequalityfinancial/financialyearending2019
(e) www.oxfam.org/es/notas-prensa/el-1-mas-rico-de-la-poblacion-mundial-acaparo-el-82-de-la-riqueza-generada-el-ano
(f) www.oxfam.org/en/press-releases/worlds-billionaires-have-more-wealth-46-billion-people
(g) www.academia.edu/38030131/Los_Fundamentos_de_la_Libertad_-_Friedrich_A_Hayek pág 968,720 u otros.


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