Por: Gonzalo Manuel Ballón Valdivia
Viendo los noticieros matutinos del Perú, me llamó la
atención la presencia del conocido cómico popular, José Luis Ramos, “Cachay”, pidiendo que una clínica privada atienda
a su hermano que padece de Coronavirus.
Según me informaron algunos conocidos que viven en ese país, los hospitales
públicos están abarrotados. La única posibilidad que tiene la gente es acudir a
una de las clínicas privadas.
Pero el reclamo de este cómico era bastante lógico. Su
hermano necesitaba de asistencia médica de urgencia, pero para que la clínica
lo acepte, deben de pagar 55 mil soles. ¡Un millón y medio de pesos argentinos!
Para muchos, una pequeña fortuna. Paralelamente, los diarios matutinos de
Argentina, informaban que el intendente de Lomas
de Zamora, Martín Insaurralde, fue dado de alta de la misma enfermedad que
padece el hermano del cómico “Cachay”.
Este intendente, perteneciente a una casta política
que se caracteriza, entre otras cosas, por tener una importante fortuna, no
realizó su tratamiento en una opulenta clínica privada, sino en un hospital público.
El Hospital de Lavallol, “Dr. Norberto
Piacentini”, que fue reinaugurado en septiembre de 2019 y que la ex
gobernadora, María Eugenia Vidal,
prefería que se privatice, acogió al intendente durante su recuperación.
Ahora bien, el intendente Insaurralde no acudió a un
hospital público porque sea un político con características populares, nada más
alejado de la realidad, sino que, a pesar de los visibles problemas, la salud
pública en Argentina le brinda la posibilidad de recibir un tratamiento tan
complejo. Es decir, el mismo sistema de salud que atendió a un político
acaudalado, está disponible para cualquier ciudadano que vive en Argentina, sin
discriminar si tiene o no dinero o si nació en este país. Para muchos una
tremenda “utopía”.
¿Cómo explicar esta diferencia en tiempos similares? Sería
muy extenso hacer un análisis sobre procesos políticos, sociales y culturales
entre estos dos países, pero intentaremos plasmar un dato objetivo que refleje la importancia que se le da a la salud pública. La Organización Mundial de la Salud (OMS), recomienda que cada país
asigne como mínimo el 6% de su PBI. Argentina sobrepasa esa recomendación e
invierte un 9,8% de su PBI, mientras el Perú invierte escasos 2,2%.
La Decana Nacional
del Colegio de Médicos del Perú, Liliana Cabani, aseguró que para lograr la meta de “salud universal”,
es necesario un incremento en la inversión estatal sobre salud pública. Afirma que,
entre las diferentes promesas realizadas por los distintos sectores políticos
del Perú, el tema del incremento de inversión en salud pública, es siempre una
de las más repetidas. Lamentablemente, esto nunca se ve y los pequeños aumentos
de recursos no alcanzan ni para satisfacer las nuevas necesidades que aparecen
durante esta pandemia.
Recordemos que antes de esta pandemia, cuando los
médicos salieron a las calles a exigir mejores condiciones en el sistema de salud,
muchos medios de comunicación catalogaron como “actitudes terroristas” a esas
manifestaciones. Esta pandemia puso al descubierto lo peligroso que es dejar la
salud de un país en manos del sector privado. Hablar de inversión pública no es
sinónimo de botín. La responsabilidad que tiene el Estado con los ciudadanos, no
es sinónimo, del mal llamado, “populismo”.


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